Permiso para caer

17 abr. 2017

Muchos profesionales respetables y sólidos, que saben de qué hablan cuando hablan de autismo, apelan a la idea de empoderar a los padres para poder ayudar a sus hijos a transitar su condición neurológica de la manera más provechosa, satisfactoria y evolucionada posible.

Y también empoderar a un padre significa darle herramientas a él mismo para no caer. Para que la situación de estrés, angustia, confusión, frustración, desconsuelo, desorientación, desgano, enojo, cansancio y quesevayatodoalamierda disminuya y puedan ser mejores canales de contención para sus hijos y para ellos mismos.

Los profesionales tienen teorías y son muy válidas y muchísimas veces pueden ponerse en práctica.

Los niños, a su vez, están contenidos por su propio equipo terapéutico: médicos, maestros, sus papás y por la familia que tengan o puedan armar con quienes verdaderamente pueden sumar ayuda para este núcleo enclenque que somos.

Nadie, sin embargo, tiene en cuenta que por más que sepamos qué hacer y cómo hacerlo, que llevemos a nuestros hijos a todas las terapias, que hagamos controles médicos, entendamos lo que vivimos y lo que sucede a nuestro alrededor, cumplamos con todas las exigencias, llevemos témperas al jardín y además respiremos, casi siempre comamos y algunas veces podamos bañarnos, no podemos con todo.

Increíble ¿no?

Los primeros años de crianza son un desafío a veces demasiado abrumador para los padres. Para los padres que tienen hijos neurotípicos o sanos.

Los primeros años y todos los años de crianza de un niño con una condición neurológica compleja o una enfermedad son siempre un desafío abrumador. Y devastador.

"No doy más y basta Lautaro" creo que son las frases que más he repetido en mis 42 años.

Porque seguramente ya lo sospechan: no estábamos preparados para esto.

No teníamos ningún tipo de formación (y aunque la tuviéramos) no hay preparación para un hijo no sano.


No la hay ni la habrá.


Sólo queda la intención diaria de que la vida sea un poco mejor que el día anterior.


"Todo mejora con el tiempo" me dicen las madres de los chicos más grandes. De adolescentes. Y sí, eso espero.


¿Pero cuánto mejora? ¿Qué es mejoría para unos y qué significa para otros? ¿Cuánto mejorará Lautaro?


Hoy quiero hablarles a ustedes: papás y mamás que tanto me acompañan. Papás de mil colores, condiciones, con hijos autistas o con hijos solamente hinchapelotas. O cualquier persona que lea esto y sienta que está en la lona o a punto de caer.

Todo el mundo va a tratar de impedir que se caigan. Que tengan fuerza. Siempre. Todos van a tratar de que ni siquiera se acerquen al abismo. Todos. Sus amigos, los doctores de sus hijos, los terapeutas de sus maridos o esposas, los terapeutas de sus hijos. Los primos de los terapeutas de sus hijos. El encargado del edificio. Su corredor de seguros. El cajero del banco. Los periodistas haciendo notas sobre niños genios.

Todos van a tratar de impedir que finalmente, luego de caminar por el borde, se lancen al vacío y caigan. 


Yo quiero darles permiso. Porque nadie se los va a dar. Porque parece que no se puede. Porque parece que tambalearse continuamente en una línea borrosa, inútil y dispersa es mejor que caer. Porque la gente asegura que sostener lo insostenible es mejor. Porque qué será de la realidad si ustedes se caen y encima no pueden precisar cuándo van a levantarse.


Les pido por favor, por el bien de todos, pero principalmente por el bien de ustedes mismos, que se caigan. YA MISMO. En este momento, suelten. Suelten todo a la mierda y derrúmbense.


Es lo más sano que va a sucederles en medio de sus vidas de locura y desconcierto.


Caer es no estar emocionalmente disponible para nadie. El tiempo que les lleve. El tiempo que necesiten.

Da miedo, porque es más difícil dejarse caer que levantarse. Se los juro.


Yo estuve haciendo equilibrio durante mucho tiempo. Y me solté. Me solté porque tenía que caer.


Cuidado: no hay que caerse para volver con más fuerza. Hay que caerse porque caer es un síntoma de salud. Y alguien debe dar señales de salud en medio de una familia desestructurada y estresada.


No importa cuando vuelvan. Si no se caen no se van a levantar nunca


Caigan. Caigan todo lo que puedan. No pasa nada. Caigan antes de que sus cuerpos enfermen. Caigan antes de que sea tarde. Si no lo hacen, nunca van a a salir de esto con algo bueno entre sus manos.


Adelante. Acá los espero. Yo estoy caída y aquí me ven. Sigo respirando. Sólo me respeto más y no me dejo tironear por nadie.


No se pongan más excusas. Cuando es momento de caer hay que caer.


El mundo debe esperar.

Tengo autismo y sé cómo usarlo

31 mar. 2017

Stella Young era australiana. Periodista y comediante. Y también una gran activista por los derechos de las personas con discapacidad.
Nació en 1982 con un desorden genético llamado Osteogenesis Imperfecta. Usaba silla de ruedas.

En una charla TEDEx llamada "No soy tu inspiración, muchas gracias" hizo alusión a un tema que pocas veces he encontrado entre las personas que hablan de discapacidad. Y que me identifica por completo. Por supuesto, Stella lo puede explicar mucho mejor que yo:

"Estamos acostumbrados a que las personas con discapacidad sean vistas como fuente de inspiración. No somos personas reales. Estamos acá para inspirar. Bueno, lamento desilusionarlos.
No estamos aquí para inspirar. Yo estoy en este lugar para decirles que nos han mentido.
Nos han hecho creer que ser discapacitado es algo malo y que la discapacidad te convierte en alguien excepcional.
Se cosifica un grupo de personas en beneficio de otras: En este caso, cosificamos a la gente con discapacidad en beneficio de la gente sin discapacidad.
El propósito es que la gente sin discapacidad piense “Bueno… no importa cuán mala sea mi vida… podría ser peor. Yo podría ser esa persona.

Es cierto que algunas cosas son más difíciles para la gente con discapacidad. Pero lo que ustedes creen que nosotros superamos no son las cosas que superamos. No son los obstáculos que ustedes imaginan.
Cuando ustedes ven una publicidad en donde alguien con discapacidad parece estar haciendo algo extraordinario, sólo están viendo a alguien que está usando su cuerpo en todo su potencial.
No es justo cosificarlos.
Cuando alguien me dice “te admiro, admiro tu fortaleza” entiendo lo que quieren decir. Lo dicen como un halago. Pero sólo lo hacen porque creyeron la mentira de que la discapacidad te vuelve alguien excepcional. Y la verdad es que no lo hace. La discapacidad no hace eso.
Yo creo que esta mentira que se ha instalado sobre la discapacidad es la mayor injusticia.
Hace que la vida sea más difícil para nosotros.

Yo quiero vivir en un mundo en donde la discapacidad no sea una excepción, sino la norma.
Quiero vivir en un mundo donde una chica de 15 años que mira la tele en su habitación no sea considerada extraordinaria sólo porque lo hace en silla de ruedas.
Quiero vivir en un mundo en donde no tengamos expectativas tan bajas con respecto a las personas con discapacidad.
Que no los felicitemos por levantarse en la mañana y recordar su propio nombre.
Quiero vivir en un mundo en donde un chico que tiene una maestra que usa silla de ruedas no se sorprenda por eso.
La discapacidad no te hace extraordinario, pero preguntarte a vos mismo cuánto sabés de discapacidad sí lo hace."


Mi realidad y la de Lautaro se asemejan muchísimo a las ideas de Stella. Soy permanentemente felicitada por cosas que hago aunque no tenga más remedio que hacerlas. Y Lautaro es considerado una especie de ser angelado capaz de cosas extraordinarias, aunque no logra ni siquiera alcanzar a hacer las ordinarias.


Es por eso que una tarde, en un ida y vuelta de chat con Seelvana, ella propuso: "Pensate una frase positiva, informativa y piola sobre el autismo y yo te hago la gráfica. Y con eso podés hacer unas remeras".

Seelvana es una ilustradora y artista puntaltense, con una intención positiva permanente, a la que le encanta sumarse a lo que ella denomina causas nobles. Y lo hace porque sí. Para llenar de cosas buenas el mundo.

Y lo logra.


Así que pensé una frase y Seel hizo el resto. Luego, una amiga que hace remeras, nos hizo las remeras a Lautito y a mí.


"Tengo Autismo y sé cómo usarlo"


Seelvana donó su trabajo gráfico y queremos que todas aquellas personas que quieran hacerse remeras, calcos o simplemente imprimirlo y tenerlo en casa, puedan hacerlo.

Tener presentes ciertas frases o palabras nos ayudan muchas veces a recordar dónde estamos. Cuán lejos llegamos. Que no estamos solos. Que hay alguien que también está tratando de usar a su favor una situación difícil de transitar.


Este regalo pueden descargarlo haciendo click aquí









¿Cuál es el propósito de esto?

Pensar.

Pensar, así como lo hizo Stella, sobre qué imagen interna tenemos de nosotros mismos y del otro.

Pensar en qué cosas tenemos en contra y cómo hacer para usarlas a nuestro favor.

Pensar en qué nos sucede cuando nos enfrentamos a algo muy diferente. A algo con lo que no sabemos lidiar. Cómo acercarnos, cómo abordarlo o resolverlo.

Pensar en que el mundo sería un lugar mucho más genial si no tuviéramos que utilizar las dificultades de los otros para sentirnos mejor con nosotros mismos.

Tengo un deseo, a propósito de un nuevo Día de Concientización sobre el Autismo. Es un deseo más global, que trasciende cualquier condición neurológica, cualquier discapacidad, cualquier dificultad.


Deseo que cada uno de nosotros pueda tener la fortaleza de compararse sólo consigo mismo y a partir de ahí modificar aquello que no quiere más para su vida.

Deseo que el sufrimiento del otro no nos sirva como inspiración. No está bueno. De verdad ¿Se pueden dar cuenta?

Deseo que cada uno de nosotros sea la mejor versión de sí mismo.


Sin mirar para el costado. Sin mirar desde arriba. Sin mirar desde abajo.


El deseo es poderoso.


Que el deseo nos convoque y nos una :)















Eduardo

22 mar. 2017

El primer día de clases de Lautaro fuimos los tres. Edu se pidió el día en el trabajo. Quería estar ahí. Con la primera puesta de delantal. El  primer quilombo de padres abuelos tíos todos juntos en un aula mínima y ruidosa.

Por algún motivo quedamos separados. Yo me senté en un rincón y Edu parado cerca de la puerta, monitoreando también a Lautaro que no dejó de moverse un minuto mientras la maestra hablaba y sonreía.

De pronto, casi media hora después de haber entrado al aula, Eduardo comienza a hacerme gestos de "vamos, vamos a casa ya".

Asumí que era por Lautaro, que es tan inquieto y por momentos pisaba a todos los chicos que estaban sentaditos sobre una manta.

Me levanté, saludamos a la maestra y nos fuimos.

Esa noche Eduardo me dijo que estaba en shock. Que no había podido soportar la diferencia de Lautaro con los chicos de su edad.

"Ni siquiera está en otro mundo, está como en otra dimensión"

Bueno, sí.

¿Es posible que tres años más tarde de saber efectivamente que Lautaro es muy diferente al resto, Eduardo caiga justo ahora?

¿Tres años más tarde? ¿Cuando Lautaro está a nada de cumplir 4?


Le dije "Bienvenido a nuestro mundo. Lautaro y yo hace años que vivimos en él"


Pero no quise lastimarlo con el comentario. Sólo señalarle que por fin había llegado.

En casa hablamos de autismo todo el día. Es imposible no hacerlo. Lautaro es imposible de soslayar. Todas nuestras acciones están orientadas a controlarlo, calmarlo, regularlo, llevarlo a las terapias y aplicarlas a la vez, ordenar sus rutinas, padecer sus conflictos con el mundo que lo rodea y además lidiar con nosotros mismos.

¿O alguien en algún momento cree que Eduardo y yo nacimos preparados para esto?

Nadie sabe cómo ser padre. Y les juro que nadie sabe cómo ser padre de alguien que no cumple con ninguna regla. Que no acata ninguna orden, con quien es casi imposible negociar, hacerse entender y entender a la vez.

No hago más que leer artículos de médicos diciendo que los padres somos el principal elemento terapéutico y vincular de nuestros hijos con autismo.

Somos quienes más tiempo pasamos con él, quienes más los conocemos y quienes tenemos que aplicar permanentemente los mecanismos aprendidos en las terapias para que la casa mínimamente funcione. Y nosotros en ella.

No pueden darse una idea la cantidad de veces que fracasamos por día. O por hora.

Y no es falta de voluntad.

Es que por más esfuerzo que hagamos, terminamos perdiéndonos en este mar de confusión, dolor y desesperación que es vivir con alguien con autismo.

Y además... estamos nosotros. Los individuos adultos. Con todas nuestras limitaciones. Las previas a la aparición de este hijo, las posteriores.

El cansancio. La tristeza. El hartazgo. Las ganas de desaparecer. De esfumarse. De no existir.


Hay un capítulo que todos se están perdiendo en esta novela: los protagonistas del medio.

Esos que están entre la espada científica y el paciente.

Nosotros.

Los que no sabemos de qué disfrazarnos. Los que no tenemos elección. Los que tenemos que hacer igual, como nos salga, algo que no sabemos cómo abordar.

Nadie se da cuenta que además, tenemos que lidiar con nosotros mismos. Que tal vez tengamos pocas cosas resueltas, poca disponibilidad emocional. Poca energía vital. O sólo pocas ganas.



Muchas veces me he encontrado con alguien diciéndome "vos tenés que".

Momentito todos.

Yo no tengo qué nada.



Igualdad las pelotas

3 mar. 2017

Jueves 2 de marzo. Dos frentes. Uno empezó hace dos meses cuando le pedimos a la prepaga los requisitos a presentar para obtener la autorización de una maestra integradora para el jardín. El otro, empezó en diciembre. Presentar la documentación en el colegio público donde Lautaro consiguió la vacante, para que admitan el ingreso de la maestra integradora durante las horas que concurra a clases.

Jueves 2 de marzo. Luego de dos rechazos por parte de la prepaga (porque no está escrita correctamente la orden, porque el presupuesto no está redactado de manera adecuada para la función a cubrir, porque no han mandado el comprobante de la profesional del Registro de Prestadores, porque la profesional tiene un título universitario que no coincide con lo pedido para trabajar de maestra integradora) *TODO MENTIRA, POR SUPUESTO*. 

Jueves 2 de marzo a las 18 hs. Conseguimos que el neurólogo nos redacte nuevamente la orden. Conseguimos reformular el presupuesto de acuerdo a la estupidez pedida por la prepaga. Conseguimos mandar todo escaneado a las 20 hs.

A las 20 hs del jueves 2 de marzo de 2017. No nos avisaron en noviembre, en diciembre, en enero. Las clases en las escuelas públicas de CABA empezarían el lunes 6 de marzo. Nos rechazan todo el jueves 2 de marzo. 2 de marzo. DOS.

La lucha contra la burocracia de la escuela pública fue parecida.

La documentación a presentar para autorizar la presencia de la maestra integradora de Lautaro durante el ciclo escolar consiste en:

-Carta DE LOS PADRES explicando por qué el niño necesita maestra integradora. De los padres. Diciendo... bueno, la verdad... no habla, usa pañales... No de un profesional que es quien da la pauta de por qué el niño necesita alguien que lo asista. De los padres. De los padres. Por eso cuando vas a pedir la lista de papeles para presentar te preguntan ¿Y por qué pensás que tu hijo necesita maestra integradora
-Certificado de Discapacidad del niño
-Presentación del Título Universitario de la profesional que acompañará al niño
-DNI de la misma
-Certificado de Antecedentes Penales
-Seguro de Accidentes Personales
-Seguro de Responsabilidad Civil a favor del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires por un monto de...

Ah. Bueno. El monto varía año a año. El martes 21 de febrero, el Ministerio de Educación no había resuelto el monto para 2017. El seguro no podía emitirse porque el monto debe ser el acordado. Si el monto no es el acordado para el año en curso, el seguro se rechaza y también se rechaza entonces la aprobación de la maestra integradora.

21 de febrero.

La fecha límite para presentar la documentación era el 22 de febrero. Porque se necesitan 5 días hábiles para elevar la documentación a la Supervisión Escolar del Distrito al que pertenece cada colegio y aprobar todo.

La fecha límite era el 22 de febrero porque los feriados de carnaval sacaban días hábiles de la cuenta.

Y eso nos dejaba en que el 3 de marzo era el último día para obtener la aprobación de la maestra integradora por parte del área de Supervisión del Distrito. Para que el lunes 6 Lautaro pudiera empezar las clases. Con su maestra integradora.

Después de mucha ayuda por parte de las nuevas Supervisoras del Distrito (que acababan de asumir) conseguí el monto, hicimos el seguro de la integradora y el día 22 de febrero presenté toda la documentación en el colegio. A tiempo. Llegué a tiempo. Hice todo bien y llegué a tiempo.

Jueves 2 de marzo.

Las Supervisoras están con muchas reuniones y no pudieron aprobar el legajo de la maestra integradora de Lautaro.

"El legajo está acá, sí. Pero no está aprobado. No es que esté mal. Seguro está en regla pero si ellas no lo aprueban no sirve. Y ya esta semana no vienen"

Ya esta semana no vienen porque tienen reuniones en otros lugares. Empiezan las clases y todo lo relacionado a la escolaridad es un loquero. Claro. La secretaria de las Supervisoras me dijo ayer por teléfono "Voy a transmitirles la urgencia del tema". Sí. Por favor. Por favor.

Empiezan las clases para todos. Todos los chicos de las escuelas públicas empiezan las clases el 6 de marzo entonces es un loquero. Gente corriendo, gente tratando de resolver cosas a último momento.

Para que empiecen las clases.

Todos los chicos.

Viernes 3 de marzo de 2017.

Nadie aprobó la maestra integradora de Lautaro.

Todos los chicos, si se levanta el paro del 6 y 7 de marzo, van a empezar las clases.

Todos los chicos menos Lautaro.


Bueno, en definitiva. ¿A quién le importa? Lautaro no entiende lo que va a pasar. No sabe lo que es un colegio ni sabe que va a ir a un colegio ni sabe lo que es una maestra de jardín ni un cuaderno de comunicaciones. No sabe que tiene que ponerse delantal para ir y que va a ir con Ayelén. No sabe para qué sirve un colegio. Ni idea.

Como dijo aquella vez la Directora de la Junta Médica cuando fuimos a pedir el Certificado de Discapacidad: "no sabemos cuánto retraso mental tiene", dando cuenta de lo poco que sabía del tema. Y de lo poco que había leído la documentación médica y terapéutica que habíamos presentado.

Por eso, pregunto.

¿A quién le importa?

Si no entiende nada. ¿A quién carajo le importa? Es lo mismo para él.

Pero A MÍ ME IMPORTA.

No es lo mismo para mí. No. No lo es. 

Una sola putísima cosa normal quiero. Quiero que empiece las clases el primer día de clases. Con todos y como todos. No me da igual un recontra carajo.

Me banco cinco mil cosas extraordinarias. Fuera de agenda. Anormales. Extrañas. Me las banco.

Pero UNA tiene que ser como yo quiero.

Porque yo hice TODO BIEN. Hice caso. Corrí, llamé, insistí, pedí favores, resolví, resolvió Eduardo. Todo hicimos bien. Todo.



Algún día Lautaro va a entender lo que pasa a su alrededor. Y tiene que saber. Tiene que saber que cuando a todos les importó un carajo, a mí y a su papá no.

A mí y a su papá no les importó un carajo. Por eso igual le festejamos el cumpleaños, aunque no entienda una goma lo que pasa.

Por eso quiero que empiece las clases como todos. El primer día.

"Esta es la foto del primer día que fuiste al colegio"


Eso quiero. Y la puta madre, me lo merezco. 

Y Lautaro también.

Hablar en silencio

20 feb. 2017

No siempre hay buenas noticias en el mundo de las familias con hijos autistas. Con el tiempo cada uno va aprendiendo (o tratando de aprender) a moderar las expectativas, a bajar las idealizaciones, a encontrar fortalezas dentro de un entramado muy complejo de convivencia, idas y vueltas y situaciones poco usuales.

Si alguien me hubiese preguntado qué esperaba de Lautaro hace un año y medio atrás hubiese dicho "que no tenga autismo". Pero como no es posible, bajé la nariz y dije:

- Que hable. Me gustaría que algún día me diga mamá. O saber qué siente. Si tiene frío, por ejemplo. O si está preocupado o triste por algo. Que pueda decir. Que entienda lo que digo. Leerle un cuento.

Había una etapa previa fundamental antes de este deseo que yo no tenía en cuenta porque sencillamente no sabía. Hablar es el último eslabón de la cadena comunicativa. No es tan importante hablar. Lo importante es comunicarse.

La comunicación entre dos es simple: emisor, receptor. Acción y reacción. Acto y respuesta. Ida y vuelta. Y así. Como quieran decirlo: es una acción que necesita de la respuesta del otro para completarse. Debe ser comprendido entre los dos actuantes. Debe tener por lo menos el mismo código o códigos en común entre los participantes.

¿Lautaro se comunicaba?

Muy muy precariamente.

¿Sabíamos en aquel entonces si podría acceder a comunicarse realmente por sí mismo?

No. Nadie podía saberlo. Había que trabajar y ver qué había debajo de esa cáscara que era mi hijo en aquel entonces.

Trabajar y esperar lo mejor.

Suena decepcionante y lo es. Porque no siempre sucede. Es decir... muchos chicos no logran comunicarse jamás.

Lautaro empezó a comunicarse muy rápidamente y las terapeutas le enseñaron las primeras tres señas. La del "Yo quiero" (tocándose el pecho con la mano). La del "escuchar" (tocándose una oreja) y la de "más" (aplaudiendo una o dos veces).

Tres señas que fueron la piedra fundacional del nuevo esquema de comunicación entre él y sus terapeutas. Entre él y nosotros. Y su ingreso al mundo de los vivos.

Así lo sentí aquella vez. Que se había pasado de nuestro lado. Que daba señales de vida, de entender algo de todo lo que pasaba a su alrededor.

Pero el lenguaje de señas tiene un problema: para decodificarlo hay que ponerlo en contexto.

¿Qué quiero decir?

Que hay que conocer muy bien a Lautaro y su vida cotidiana para entender lo que significa un gesto determinado en un momento determinado.

Porque él utiliza el gesto "yo quiero" para decenas de cosas. Quiere salir, quiere upa, quiere celular, quiere agua, quiere más cosquillas, quiere que lo acompañe a algún lugar de la casa, etc. etc. etc.

El mundo de Lautaro somos su papá y yo. Y sus terapeutas. Y a veces sus abuelos.

¿Cómo hacemos para que el otro mundo lo entienda?

La fonoaudióloga de Lautaro se llama Fernanda. La amamos, realmente. Como a todas las terapeutas que tiene.

Hace un tiempo, anticipando también el hecho de que pronto empezará el jardín (su primera escolarización) comenzó a trabajar con el sistema PECS.

PECS (Picture Exchange Communication Sistem) o Sistema de Comunicación por Intercambio de Imagenes (o figuras).

El sistema es simple: intercambiar la imagen de un objeto por el objeto mismo o la acción.





Ejemplo: Lautaro quiere mamadera. Va a la mesa (donde están todas las fotos de lo que siempre usa/quiere/necesita). Agarra la foto de la mamadera. Me la trae. Le doy la mamadera a cambio.

Eso es una comunicación directa. Plena. Iniciada por él. Quiere algo y le es otorgado.

¿Qué pasa con un objeto que no está en casa o una acción? Por ejemplo... quiere ir a la plaza.

Debe buscar la foto de la hamaca, dármela y de esa manera me dice que quiere ir a la plaza.

Quienes quieran saber más sobre este sistema pueden consultar el “El sistema de comunicación por intercambio de figuras - Manual de entrenamiento”



El mundo de Lautaro se expande. Y esta expansión es posible gracias a la incorporación de más herramientas comunicativas, de su gran capacidad de aprendizaje y su memoria descomunal.

Aquí están Lautaro y Fer (su fonoaudióloga) mostrando cómo funciona el sistema (con la mezcla de lenguaje de señas y sistema de comunicación por imágenes)

(Si no pueden ver el video hagan click AQUÍ)


video




Lautaro no habla y la gente cree que en casa hay silencio. Pero no: grita, hace balbuceos inentendibles y compulsivos. Todo el día.

Cuando empezó a comunicarse sentí un alivio indescriptible. Agradecí tanto que tuviera la capacidad de hacerlo. 

Hace poco que empezamos a trabajar con este nuevo sistema y se hace entender muy bien. Es muy claro. Busca las fichitas con cara seria y las trae como si trajera en sus manos algo muy importante.

Trae su palabra.

Muchas veces, en medio de sus gritos pienso ojalá hubiera un poco de paz en esta casa.

Pero la verdad... que Lautaro se comunique es una bendición. Y ya ni siquiera sé si me importa si algún día llega a hablar.


Lo que quiero es que siempre traiga su palabra.


Que no se calle jamás.
© La Aventura Diferente Maira Gall.