Upita

14 dic. 2015

Celeste fue mamá hace una semana. Cata es una bebé de cuento.. no puede ser más linda.  Hoy hablábamos con Cele sobre cómo la va llevando con las hormonas, los llantos, la teta.  Enseguida me contó "ya me dijeron que la tengo mucho a upa y que se va a malcriar".

Y sí, claro.  ¿Cómo no se lo van a decir?  Está lleno de gente que anda vagando con el alma seca y el corazón esquivo.

Aquí va una verdad simple y contundente: un bebé humano no sobrevive sin que alguien lo materne. No digo "sin mamá". Digo sin alguien que lo materne.  Alguien que se haga cargo de él y lo haga sobrevivir.

Está muy de moda usar el término "apego".  Yo no lo comparto.  Quiero decir.. no lo comprendo.  Ni comprendo a los fundamentalistas del apego ni a los fundamentalistas del desapego.

Cada persona que encare la tarea de maternar debe encontrar su estilo.  Confiar en lo que sus tripas le dicen. Podemos compartir anécdotas y tips sobre cómo resolver tal o cual cosa pero en la mayoría de los casos lo único que realmente funciona es lo que cada madre y cada padre puede lograr para contener y sostener a su hijo.

Con esto no estoy cayendo en la vanalidad de decir "y que lo que digan los demás no tiene que importarte". Porque todos dicen eso y sin embargo en cualquier tema vital, lo que dicen los demás tiene importancia.  A nadie le chupa todo un huevo.

Por eso, creo, que quienes rodean a quienes deciden maternar, deben tener más cuidado, más mimo, más astucia.  Deben tener la capacidad de observar cómo ha sido su propia experiencia.  Qué les hubiera gustado escuchar cuando ellos tuvieron que hacerlo.  Incluso hacer silencio y acompañar cuando sólo se lo soliciten.  No hay que opinar sobre todo.  No es necesario.

De hecho, ninguna persona de las que me rodea sabe exactamente cómo es maternar a un niño con autismo.  Ya pocos opinan desatinadamente.  Me miran con un poco de pena, con un poco de "cómo hace", con un poco de "y cómo la ayudo", con otro poco de "esta chica es una heroína", con un poco de cautela, con un poco de miedo.

Aconsejo a todas las personas que rodean a quienes maternamos que pregunten más y opinen menos. 

A cada uno le funcionan cosas diferentes.  

Es necesario proveernos a las madres de niños pequeños de un colchón emocional al que podamos apelar para resistir.  Y esa tarea es de nuestro entorno.  

A Lautaro lo tengo a upa desde que nació.  Desde que me lo dieron en el Hospital Alemán.  Lo tengo tatuado.  Aún con estos 15 kilos que ostenta.

Hace poco hablaba con Cristina, quien también tiene un hijo con autismo y ella me decía: "es porque los tuvimos a upa que los ayudamos a atravesar ese túnel en el que están".

Y si todo esto que digo no funciona, chicas.  Si aún después de decir "ayudame con esto y no opines por favor" la gente no entiende... les regalo una frase que usé mucho cuando teniendo a Lautaro recién nacido, se encolumnó delante de mí una fila india de mujeres malintencionadas sosteniendo una campaña de miedo y amenazas "ese chico va a ser tan malcriado... tanto mal le estás haciendo por tenerlo tanto con vos, tanto a upa".

Y yo, entendiendo que tenía frente a mí una persona triste, solitaria y final, la miraba con pena y le decía:

"Qué poquito te quiso tu mamá para que vengas a decirme semejante pelotudez".

6 comentarios:

  1. Cada medico con su librito, cada familia con su formula. Estilo propio, dinamica personal. Amar y dejar vivir.

    ResponderEliminar
  2. Impecable! Hay mujeres que suelen ser crueles! Pero hay algunas como vos que son lo maximo! ❤️❤️❤️Gracias por tus consejos!! Preacticamente sin conocernos me ayudaste mas que cualquier conocido!! Te queremos cin!!
    Cata (en este momento a upa) y cele������

    ResponderEliminar

© La Aventura Diferente Maira Gall.