El enigma Lautaro

27 nov. 2017

Tardé mucho en llegar a este lugar. De hecho, estoy llegando ahora. Más de 4 años después.

Yo sé qué significa el trastorno neurológico de Lautaro. Sé cómo se manifiesta. Sé qué cosas no puede hacer hasta el momento y sé qué cosas no podía hacer y ahora puede.

Sé muchas veces cómo calmarlo y sé cómo calmarme.

Sé que es mi hijo. Lo sé porque lo tuve dentro de mí y porque lo vi nacer.

Sé que le gusta chupar la sal de las galletitas, que todavía se chorrea cuando toma mamadera. Que usa y asesina chupetes. Sé que no tiene problemas con la ropa que le pongo y aunque a veces le molestan las etiquetas de las remeras, lo único que hace es rascarse un poco y listo.

Pero hay un tipo de conocimiento que no es conocimiento de saber, sino de crecer.

Hay un tipo de experiencia que crece dentro de uno cuando tiene enfrente un enigma. Un enigma tan gigante como un hijo.

Hasta ahora sólo pensaba que Lautaro tenía autismo. Y me costó todos estos años de vivir con él y observarlo para darme cuenta que el gran tema es que somos diferentes.

Y que lo único que me pasa es que tuve que aprender un lenguaje desconocido para mí con el fin de llegar a él.

Con el objetivo de dialogar con mi hijo. De aprender a saber quién es, qué quiere y cómo lo quiere.

No es sino entendiendo su neurodiversidad que podría estar diciendo esto.  A sus ojos yo tengo el mismo problema: estoy programada de diferente manera.

Y el mundo está más preparado para mí (aunque a veces no lo parezca) que para él.

Como está más preparado para la gente diestra que para los zurdos.

Como está más preparado para los que ven que para los ciegos.

Como está más preparado para la negación que para la aceptación del dolor. O de la muerte.

Los temas centrales son siempre los más difíciles.

Criar un hijo neurotípico es difícil porque los niños son complejos. Son complejos porque no sabemos utilizar las herramientas del idioma que manejan. 

Criar un hijo neurodiverso es más difícil. Porque no sabemos qué herramientas manejan. Ni sabemos nada de los idiomas sin palabras, sin guía y sin estructura.

Nacimos para que todo suceda en nuestra vida de una forma.

La neurodiversidad nos muestra lo que no queremos ver y aquello con lo que no queremos lidiar: el gran tema de ser diferente en un mundo que nos quiere a todos iguales porque no sabe qué hacer con nosotros si se nos ocurre ser un poco diversos.

2 comentarios:

  1. das tan pero tan en el clavo!!!! y lo mas jodido y admirable a la vez, es ver cuanto trabajan ellos para adaptarse a "nuestro" mundo...porque, lamentablemente, el mundo nunca se va a adaptar a ellos....triste pero real...
    Te mando un fuerte abrazo, Mariana

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