No hablemos de inclusión

30 ago. 2017

La inclusión no es poner una rampa en la entrada de un edificio.
No es escribir libros sobre inclusión ni comprarlos.
Ni asistir a seminarios.
La inclusión no es una cátedra que se dicta en la universidad. No es un manual que dice Inclusión: Abordajes 1, 2 y 3.
La inclusión no es una idea. Es una acción. Se hace. No se piensa en ella.
"Ahora voy a incluir a tal y a tal"

La inclusión no es una palabra poderosa para potenciar un discurso. Ni es una fuente de inspiración. Ni es una aproximación novedosa producida por la globalización.

La inclusión no soy yo hablando de inclusión. Ni ustedes leyendo.

Cuando Lautaro comenzó el jardín en marzo, tuvimos una reunión de padres previa al inicio de clases. Ahí conocí a las mamás y papás de sus compañeros. Y les conté sobre el autismo de Lautaro.

No les hablé de inclusión. Sólo les hablé de autismo. Y de qué significaba, de la manera más simple y clara que pude, para que ellos pudieran contarle a sus hijos cuando preguntaran.

Y también les dije que iba a estar todo el año disponible para responder preguntas. O lo que se les ocurriera. Que no me dolía hablar de autismo ni me molestaba ni me enojaba. Que me preguntaran cualquier cosa. Lo que fuera. 

Les puedo asegurar que ningún padre o madre de los compañeros de mi hijo fue jamás a una charla sobre inclusión. Y les juro que la maestra de Lautaro tampoco. 

Sin embargo, el primer día de clases todos ya sabían que Lautaro era ese nene que estaba ahí con su mamá y quería abrir esa puerta. Sus padres les habían hablado de ese nene. Y estoy segura que ninguno les dijo que lo tenían que incluír.

Sí les habrán dicho que no hablaba. Que tal vez a veces no hiciera caso. Que necesitaba un poco más de ayuda que ellos.

Los compañeros de Lautaro no saben qué es la inclusión. No tienen la más puta idea. Tienen 4 años y no leyeron ningún manual. 

Pero Lautaro es ese nene al que todos rodean cuando hace falta. Cuando hay problemas. Cuando llora sin parar o pierde un juguete. Lo dejan pasar en la fila del tobogán. Lo visten a la salida. Lo abrazan y lo besan. Chau Lautaro.

Y me encuentran en algún pasillo y me dicen "Hola Cintia. Lautaro no habla pero igual yo le entiendo".

La inclusión sucede. No es un artilugio complejo. Sucede sólo cuando somos amables, espontáneos, honestos. La honestidad no es bondad. Es honestidad nomás.

La inclusión es una acción que no habla de inclusión. Habla de soportar al otro que no soy yo y que no hace lo que yo quiero ni dice lo que yo quiero. Es soportar mi existencia y la ajena.

La inclusión sucede cuando nosotros estamos incluídos en la ecuación. Cuando no miramos una historia desde afuera. Cuando somos protagonistas con el otro.

No. Hablar de inclusión no es incluír.


Hablar de inclusión es sumar palabras inútiles a realidades complejas.


Si no te incluís nunca vas a pertenecer al universo de los excluídos.

Si no te preguntás por qué están excluídos, no quiero que leas más.



Porque así como la inclusión no se enseña, tampoco se explica.

16 comentarios:

  1. Cuánto nos enseñan los chicos. Me emocionaron esas actitudes. Duele saber, por experiencia, cómo se van volviendo más crueles y mezquinos con el tiempo, al entrar en contacto con tanta "contaminación" adulta. Que no crezcan más, pienso a veces. Que me siga mirando con ilusión de que todo lo puedo, que no registre el color de piel como diferencia, que crea en la bondad. Pero se termina, pucha. Disfrutemos el mientras tanto.
    En otro orden, recuerdo tu post de...hará un año? pensando, elucubrando, deseando, cómo sería ese colegio al que Lautaro iría. Y, por lo que leo, es mejor de lo que esperabas. Me alegro mucho! Beso grande.

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    1. Te mando un abrazo muy fuerte y siempre gracias por estar :)

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  2. Con que claridad abordas temas tan delicados y a veces rebuscados...es un placer leerte y tratar de aprender e incorporar algunas cosas

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  3. cuando hay amor, del bueno, ni hace falta saber... solo hacer.
    te abrazo

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  4. Siempre suman tus publicaciones.
    Desde la más cruda realidad.
    Soy del grupo: extraños que empatizan....

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  5. Hola, Cintia!!! Los chicos son tan geniales!! Estoy absolutamente convencida de lo importante que es hablar, explicar, poner en palabras las dudas y las angustias. Siempre me pareció que no hablar para no estigmatizar o marcar lo diferente sirve, justamente, para no hacer nada, para no entregar lo que se necesita. Hay que hablar, hay que decir qué pasa!! Para que ninguno se pueda hacer el boludo diciendo que no sabe qué hacer. Abrazo fuerte, Andrea

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    1. Andre! Qué suerte tenerte! Besos y abrazos como siempre.

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  6. Hola Cintia...los niños nos enseñan....siempre! Gracias x escribir! Te digo....copié y pegué en mi muro de facebook, aclarando que lo saqué de tu blog...tan claro lo que escribís....si no puedo hacerlo, lo saco inmediatamente. Saludos

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    1. Hola Ana! Muchas gracias por pasar por el blog. Este blog es público y muchas veces la gente transcribe algunas publicaciones. Siempre que cites la fuente, podés pegarlo en alguna red. Un abrazo!!!!

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  7. Cintia:
    Soy editora de materna. Quisiera saber si me autorizás, citando tu fuente, obviamente, a publicar en www.materna.com.ar esta columna que escribiste sobre la inclusión. Me encantó y me parece interesante que el club de madres de materna lo lea. ¿Me permitís? :)

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    1. ¡Hola María Inés! Sí, por supuesto. Cualquier parte del blog que quieras reproducir, siempre que cites la fuente, no hay problema en hacerlo. Un abrazo!

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