La envidia te sana

7 jun. 2017

Dos años antes de quedar embarazada de Lautaro, me embaracé de otro bebé. Lo perdí a las 12 semanas de gestación.
Recuerdo haberme sentido estafada. Por la vida, asumo. Porque nadie me avisó que me podía pasar. Porque después me enteré que muchísimas mujeres pierden su primer embarazo porque sí.
Durante mucho tiempo no podía ni acercarme a una embarazada. No las toleraba. Las envidiaba. Todas se embarazaban y andaban por ahí con sus panzas grandes y yo había perdido a mi bebé.

Nuestra cabeza no logra comprender exactamente que el feto no era viable y que tal vez el cuerpo decidió que mejor ese ensayo debía ser descartado.

Nosotras pensamos y sentimos que perdimos un bebé. Porque lo que se muere es la ilusión. Todo lo que fantaseamos e imaginamos. Especialmente si el embarazo está lo suficientemente avanzado como para sentirlo.

En 2012 quedé embarazada de Lautaro. Nació. Caos.

Entonces envidiaba a las madres que con una mirada diáfana le sonreían a la vida por tamaña bendición. Odiaba a las mujeres que iban a en el tren dando la teta sin el menor esfuerzo. Nunca logré que Lautaro tomara la teta sin que fuera una lucha cuerpo a cuerpo, vómitos, llanto de los dos, una pila de sensaciones de fracaso e ineptitud materna. Fui por la mamadera. Mi hijo debía comer y yo no lograba darle alimento con mi cuerpo. Así que sin perder ni un segundo busqué la solución más sana para los dos.

Antes de saber que Lautaro tenía autismo envidiaba a las madres que disfrutaban de sus hijos. Que hablaban de ellos con alegría.

Pensaba "¿De qué carajo hablan? Esto es un infierno."

Cuando tuve el diagnóstico de Lautaro odiaba todo. A la vida, a toda la gente del mundo con hijos sanos, a toda la gente del mundo en general.

Envidiaba a las mujeres sin hijos. A las personas que dormían. A la gente que en vez de tener que llevar a su hijo a hacerle una resonancia de cerebro, lo llevaban a la plaza. O al cumpleaños del primito.

Envidiaba todo lo que me había sido negado. Todo lo que no había podido tener y todo lo bueno que tenían los demás.

La envidia no es mala. Es un sentimiento. Es legítimo.
Lo que no es sano es mentirse. Lo que no es sano es sostenerla dentro nuestro eternamente.
¿Cómo no vas a envidiar a alguien que parece tenerla más fácil que vos, cuando a vos te dieron el tortazo del siglo?

Yo pensaba "La vida no puede hacerme esto. Se metió con mi hijo. Se tendría que haber metido conmigo. No con él".


Sé que no soy la única persona que anda envidiando lo que no tiene o lo que no va a tener nunca.
Pero no hace mucho me di cuenta de algo: envidio porque comparo con cosas que no corresponde comparar. Y envidio porque la base de la envidia es el dolor.
Quiero decir... No puedo comparar a Lautaro con un niño neurotípico de 4 años. Y además ¿de qué me serviría esa comparación?
Esa comparación sólo podría tener valor si suponemos que aquel niño será siempre superior, lo logrará y lo superará todo y que su vida va a ser un camino de perfección y facilidades.
Y eso no le sucede a nadie.

Un día entendí que Lautaro, ya a sus 4 años, ha superado más cosas de las que han superado muchos adultos que me rodean.

Ha tenido que enfrentarse y luchar cuerpo a cuerpo con una cantidad de obstáculos jodidísimos.
Y sólo tiene 4 años.
La envidia es bienvenida. No es moralmente cuestionable. Es un sentimiento y hay que dejarlo ser.
Y luego, lo mejor que puede pasarnos es pensar para qué la seguimos sosteniendo. ¿Qué es lo que estamos envidiando y por qué?

A veces envidio a los chicos con autismo que hacen más cosas de las que puede hacer Lautaro hoy.
Envidio sus avances.
Envidio a los chicos con autismo que duermen.
Y a sus padres, porque también pueden dormir.
Y otra vez vuelvo a mirar nuestra historia. Reviso estos últimos 4 años.
Armo mi relato interno sobre lo que pasamos. Las cosas que aprendimos.


Hace muy poco empecé a disfrutar de Lautaro.
No todo el tiempo. A veces.
Y pienso en mí misma hace no tanto tiempo atrás. Me alegro por mí. Por poder volver a hacer foco en lo que me resulta importante.
Dónde estaba y dónde estoy.
Y ahí ya no hay lugar ni para la envidia ni para el odio.
Hay espacio para seguir caminando.


La vida avanza. No quiero quedarme atrás. Quiero seguir aprendiendo.
Quiero ser un buen ejemplo para Lautaro.


Quiero que siga aprendiendo y que no se quede atrás. De nadie. Pero principalmente que no quede escondido detrás de sí mismo.

16 comentarios:

  1. Me encanta leerte Cyn! Siempre me haces reflexionar. Gracias

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  2. Uf, yo pensé que era la única loca que se sentía así. Quizás sea mejor que trate de hacer un comentario coherente otro día, hoy estoy en un pozo negro y no me sale nada bien. Encima vengo frustrada de la sesión con la fonoaudióloga, la puso a Laura a armar rompecabezas en silencio. Para eso me quedo en casa.

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  3. Sentí todo eso. Antes fui infértil así que todo todo todo lo sentí. Y en mi octavo año caminando este camino, muchas veces vuelvo a sentir envidia. Envidia por la vida fácil que le tocó a otros y no a mis hijos. Son más los días que no, pero a veces el fantasma aparece. Y me enojo. Pero me lo permito

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    1. Bien por aceptarlo. Bien por permitírtelo. Sino te envenenás y ni sabés por qué. Estoy con vos.

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  4. Hola Cyntia, siempre te leo en Twitter pero es la primera vez que entro y comento acá. Me identifiqué mucho con tu relato, y lo sentí mucho hasta hace un par de años. Antito tiene 9, y es un camino difícil pero con muchas satisfacciones, aunque a veces cueste mucho verlas.

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    1. Muchas muchas gracias por estar y por leer. Besos a Antito ;)

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    1. No voy a caer fácilmente en tus redes, optimista loca.

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  6. La envidia es eso, la medida de comparacion con el otro, con lo que claramente describis; lo que es para otro y es NEGADO para uno.
    Durante muchisimos años, envidie a todas aquellas mujeres que si podian ser madres y yo, con no se cuantos tratamientos a cuestas, no lo lograba. Y no logre que mi panza creciera ni saber lo que es estar embarazada.
    Hoy, comprendi que este es mi camino, quizas el de ser mama por adopcion, ya no me importa ni lo biologico, ni la teta ni que se me parezca, pude entender que el amor es una construccion y no un proceso de embarazo.
    Pase y padeci para entenderlo y celebro la que soy HOY.
    Vos segui, segui celebrando la MADRE y la MUJER QUE SOS, sos inmensa y lo sabes... aunque duermas poco!

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  7. Yo te envidio porque te quiero. Porque admiro tu capacidad de aprender y redefinirte. Es una envidia que me obliga a repensarme todo el tiempo (y eso es muy motivador). Gracias x ser tan honesta, Sis!

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    1. Si no hay honestidad, que no haya nada entonces ;)

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  8. Hola Cintia! Te vi en una camparty, con las remeras de Seelvana y hoy leí la nota que salió en Infobae. Me metí acá a leerte. Muy interesante e intensa toda tu experiencia. Me gustó mucho cómo tratas el tema de la envidia, quizás porque es aplicable a mi vida de no ser madre.
    Abrazo enorme!

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    1. Abrazo Chuli!!!! Tal vez nos encontremos en la próxima Camparty entonces :))))))))))))))

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