El Cumpleaños

2 may. 2016

Me cuesta mucho soltarlo. Y su discapacidad no tiene la culpa. Yo hubiera sido esta madre que soy con el hijo que me hubiese tocado.
Eduardo me reta, me dice "tenés que cortar el cordón" o "son los dos iguales, están pegados uno al otro todo el día, ponen las mismas caras, tienen el mismo malhumor".
Y yo digo y repito que hubiese sido esta madre que soy porque no sé cómo se es de otra manera. Cómo no estar pegados todo el día, cómo no olerlo hoy como lo olí el día en que nació.
Cómo no estar pendientes el uno de la respiración del otro. No sé cómo es.
A veces pienso que el retraso madurativo de Lautaro es una bendición: todavía hoy la vida me permite tener un bebé todo para mí.  Un bebé grande, de 16 kilos, con casi un metro de altura y el desordenado impulso de correr por la casa.
En definitiva ¿no es lo que todas queremos? ¿Que sean siempre nuestros bebés?
Y sin embargo, la realidad me obliga a suspender la dilación y entregar a mi bebé a los brazos de la vida.
De una vida sin útero que lo contenga, sin tetas que lo amamanten, sin mamaderas ni chupetes.
Es momento de crecer y los grandes tenemos la obligación de crecer primero, para allanarle el camino a nuestros niños, a nuestros bebitos de leche y pañal.

Y yo no quiero entregarlo nada.

A pesar de que a veces no me deja respirar.

No quiero que lo toque ni siquiera la brisa de la mañana, ni lo disguste el sonido de una sirena. No quiero que le digan que no, que salga, que lo empujen y que no lo elijan.
No quiero que lo maltraten por ser raro.
No quiero que llore cuando le duela el corazón, que se frustre cuando no sea el primero en empezar a escribir con tinta, no quiero que se enamore de una rubia maldita que lo engañe con su mejor amigo.
No quiero que su inocencia se escurra entre la lluvia.  No quiero que quiera a la puta maestra integradora y se olvide de mí.
Y estoy tan enojada conmigo y con él porque tengo que crecer.
Quisiera no tener que llevar registro del tiempo, ni darme cuenta de lo alto que está, a pesar de que es tan mi bebé.
No quiero que me lo miren ni me lo toquen ni me lo ensucien. Ni lo critiquen ni lo alaben ni le respiren alrededor.
Quiero que nos quedemos envueltos en una mantita y soñemos que siempre yo y siempre él.

Y no. Yo sé que ya no. Que me tengo que ir de la mantita. Que es hora de volver a parirlo, es momento de ayudarlo a romper la barrera de mi cuerpo y tocar el mundo.

Que siempre seremos uno para el otro, sí, pero ya no como aquella vez, aquella primera vez tan animal.

El 23 de mayo Lautaro cumple 3.

Es momento de crecer y celebrar la gracia de la vida.

10 comentarios:

  1. honestidad bruta. como el amor, que es puro, de adentro, desde las tripas. asi se siente tu relato, asi imagino que debe ser.
    por supuesto que hay que celebrar, celebrar la bendicion de la vida, como quiera que sea, con o sin mantita... ♥

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  2. Me pasa lo mismo con Lau, aunque ya tenga tres años la sigo viendo como mi bebé, me gusta que podamos pasar tanto tiempo juntas, a veces no sé si es ella la que me necesita a mí todo el tiempo o si soy yo la que la necesita a ella. Cuando no estoy con ella me pongo a pensar ¿Estará bien? No recuerdo donde leí que las madres de chicos con alguna discapacidad tomamos la decisión de no morirnos porque nuestros hijos nos necesitan. Somo una especie de Highlanders.

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  3. Me siento identificada con cada palabra tuya. Lucía hace un mes que cumplió cuatro años y desde hace dos meses asiste por primera vez a jardín de infantes. No quiero que le suceda nada, que le duela nada, que la lastimen, la maltraten y yo sin enterarme porque ella no habla, solo responde cuando le canto o cuando quiere mi atención con un "mamá" que repite una y otra vez... Además, dentro de cuatro meses un nuevo integrante se unirá a nuestra familia y tengo miedo por cómo se lo tomará, cómo recibirá a ese hermanito que hoy apenas nota (pero presiente). Es difícil, lo sé, pero algún día tendré que dejarla crecer...

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  4. Nos cuesta a todas, mamás de hijos especiales, mamás de hijos "normales", mamás de todos y cada uno de los niños del mundo.... cuesta y duele el crecer, para ellos y para nosotras 100 veces más. Creo que debe ser algo que nunca va a cambiar ni cuando cumplan 40 años... el mío tiene 8 y me pregunto cuando pasó que dejó de ser ese bebote mmorfable que me necesitaba para todo.... celebremos la vida, su vida, la nuestra y la de ambos que nunca será la misma.

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    1. Gracias por estar, Patricia. Te mando un abrazo muy fuerte :)

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  5. Hola Cintia, te leo hace mucho pero es mi primer comentario.
    Qué difícil, cuánto te entiendo.... cuando leía no quiero que le pase esto, ni lo otro, pienso en mi cada mañana cuando a la entrada del colegio beso a mi hija Agustina de 6 años y también en mi a los 15 minutos siguientes cuando dejo en el jardín a mi hija Sofía de 2 años.
    Solo la mayor tiene síndrome de down, sin embargo el sentimiento es el mismo.... NO QUIERO QUE LE PASE NADA MALO, NO QUIERO QUE LA LASTIMEN, NO QUIERO, NO QUIERO, NO QUIERO.....
    Antes de que naciera Sofía, creía que mis temores eran causados por el síndrome de down, de todo era culpable la trisomía 21, pero con mi segunda hija pude confirmar que no, que por mas excusas que ponga, la realidad es que la temerosa y egoísta soy yo, que es esta madre la que quisiera tenerlas siempre abrazadas, a upa o colgadas entre mis piernas, dándonos besos pegajosos, abrazos de oso y escuchándolas decir "TE AMO MA".
    Pero se que la independencia es fundamental para vivir y ser feliz, así que cada día trabajo para que mis hijas sean niñas independientes, cada una con lo suyo.

    Abrazo grande y muchos mimos a Lautaro

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    1. Ay, linda! Temerosa sí. ¿Egoísta? No no. Dejate de hinchar. Hacemos lo que podemos. Te mando muchos besos.

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