Los hijos esperados

9 mar. 2016

Una persona muy sabia me dijo hace un tiempo que a los padres nunca nos viene el hijo que esperábamos.

Que de algún modo, desde que llegan a nuestras vidas, vamos acomodándonos y negociando con una realidad bien diferente de la que habíamos proyectado, para nosotros y para ellos.

Que su estar en el mundo es un desafío para todos. Y que debemos hacer las paces con aquellas ideas que solíamos tener antes de su llegada.  Entregarnos a conocer, reconocer y reconocernos en una situación novedosa e intensa.

Lautaro no es el hijo que esperaba.  

Yo esperaba que a esta altura de su vida y de la mía, las cosas fueran bien diferentes: que pudiera quedarse con alguien un rato para que yo pudiese hacer cosas que necesito hacer.  Que los desconocidos no significaran semejante conflicto.  Que los conocidos no fuesen una amenaza rotunda.  Que pudiera comer algo más que yogur de vainilla de un frasquito azul. O que durmiese más de 2 horas sin despertarse llorando o saltando en la cama.  Esperaba no tener un hijo a quien antes de los dos años hubiera que someterlo a estudios de cerebro, de audición, de genética. Sacadas de sangre, anestesias generales.

Esperaba que fuese un pediatra su médico de cabecera.  No un neurólogo.

Esperaba que me pidiera cuentos para ir a dormir.  O que supiera a qué me dedico.  O que tuviera ganas de mirar fotos o videos de cuando era bebé.

Esperaba que supiera hablar.  Aunque fuera una palabra.

No. Lautaro no es lo que esperaba.

Estoy haciendo las paces con el hijo que vino a mi vida.  Y estoy haciendo las paces con mis expectativas.  Y también con mi forma de ser madre.

Sin embargo intuyo que ser la madre de un niño discapacitado no me pone en un lugar demasiado diferente.  Casi todas las madres que conozco deben hacer este mismo recorrido: acercar la vida que esperaban a la vida que les tocó.  Amigarse con la maternidad que soñaban y amigarse con el hijo que la vida les otorga.  Amigarse con ellas mismas por todo lo que no pueden hacer.  Por todo lo que les sale mal, o no terminan.  Por todo lo que sus hijos no entienden.  Por todo lo que sus hijos les obligan a postergar, a reaprender, a resignar.  Por todo lo que esos hijos no podrán hacer jamás, no importa cuánto hayan estudiado, cuánto les hayamos dicho que las cosas son de una manera y no de otra. Todas debemos enfrentarnos al fin de las ideas y al comienzo de una realidad que nos excede.  Y que a su vez funciona de alimento para una vida que es probable que no esperáramos tener pero que debemos vivir y recorrerla poniéndonos a la altura de las circunstancias.

A la vida se la honra tomando decisiones que no quisimos tomar. Transitando espacios que no hubiéramos elegido.  Reflexionando sobre cosas que nos cuestan. Que nos duelen.

Muchos creen que Lautaro es un angelito celestial.  O que yo soy una versión moderna de alguna heroína mitológica.

Es natural.  La mayoría de la gente idealiza lo que no puede comprender.  O lo que le causa pena o dolor.

Lautaro y yo somos dos personas.  Que hace dos años y nueve meses nos estamos conociendo. El está a mi cuidado.  Confía en mí.  Yo confío en él.

Y sin poder proyectar demasiado, vamos caminando hacia lo desconocido lo más juntos que podemos.  Lo menos triste.  Lo más real y cercano que somos capaces.

Tratando de reconciliar la realidad con la ficción.

18 comentarios:

  1. Yo no se si sos magica o que... Pero yo te admiro! Creo q sos simplemente una gran madre y una gigante mujer❤️

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  2. Yo siento que sos una gran Heroina! Real de carne y hueso! Que se levanta, flaquea pero sigue, siempre sigue. No es fácil el camino pero todo esto que sacas para afuera, nos enseña tanto! Te quiero Cin! Y te abrazo fuerte! Eri

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  3. ay hermosa de mi alma!!! me tocaste el corazon, porque es asi, es como decis, aun no siendo madre, te comprendo tanto, porque de esto se trata la vida, toda la vida es esto mismo: reconciliarse con lo que no es y con lo que si es... acercandose a transcurrirla de la mejor forma que vamos aprendiendo a vivir!
    te quiero.
    sos inspiradora. punto. no me lo discutas porque es asi.

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    1. ¿Qué te voy a discutir a vos, negrita? Si sos una luz divina ;)

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  4. Gracias Cintia, descubrí tu blog hace poco, te leo siempre. Me dejas pensando, me haces emocionar, pones en palabras mucho de lo que siento, gracias...

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    1. Hola Vero. Gracias por tus palabras, por leer, por quedarte! Un abrazo muy fuerte!

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  5. Profunda y hermosa reflexión.
    Un placer leerte :)
    La aceptación de la que hablas en este post nos permite transitar la vida más libres y crecer (padres e hijos) más seguros y confiados.
    Abrazo enorme Cintia!

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    1. Mil gracias por estar acá, Gra! Un abrazo fuerte!!!

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  6. No nos conocemos...pero te leo....claro....y si...puede ser que no nos toquen los hijos que esperamos...y qué tal si no somos los padres que ellos esperaban? Gracias x tus palabras... me ayudan...me alivian...me despiertan...me emocionan...me dan empujoncitos para seguir adelante...sencillamente te admiro. Ana

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    1. Gracias por leer, Ana! Y como digo más abajo... yo también creo que los hijos piensan "esta no es la madre que esperaba". La vida es un vaivén de enojos y reconciliaciones :)

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  7. Me emociona leerte y te imagino diciendo cada palabra. Y si. Sos una heroína, pero de las de verdad, de las que nos inspiran y nos dan fuerza. Te quiero con el alma y como te dije una vez hace mucho. A Lautaro no le podría haber tocado una madre mejor. Beso enorme ♡

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  8. No sé si Laura es la hija que yo esperaba. Lo que más miedo me da es no ser la madre que ella esperaba. De a poco estoy aprendiendo a ser más paciente con ella cada vez que tiene uno de sus terribles berrinches. Pero me di cuenta que a medida que soy más paciente con ella, pierdo la paciencia con los demás. Otra madre que también tien un hijo con autismo me dijo que hasta las ollas a presión tiene una valvula de escape.

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    1. Bueno, estoy muy de acuerdo con la válvula de escape. No ceder a la culpa si no podemos con esto que es tan difícil. Y principalmente creo que todos los hijos del mundo tienen derecho a decir "esta no era la madre que esperaba" ;)

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  9. Precioso! Es tan cierto! Nosotros nos vamos adaptando a ellos y como alguien dijo más arriba, a mí también me da miedo no ser la madre que Lucía se merece... Muchas veces me saca de mi eje, pero estoy aprendiendo de ella a ser paciente, a no apresurar los tiempos y a escuchar lo que no me dice... Sos inspiradora, me encanta leer este blog. Sigo acá :)

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    1. Gracias por estar acá! Me encanta. Besos y abrazos.

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