Belleza

9 nov. 2015

Hace unos días, Claudia, a quien no conozco personalmente, me pasó un artículo de Juan Forn.  Me dijo que al leerlo pensó en su hijo, que es músico, y en mí.

El texto cuenta la historia de Hikari Oé, un músico con autismo, hijo de un premio nobel de literatura japonés.  A lo largo del texto, nos enteramos que Hikari aprendió a expresarse mediante la música y que su padre había escrito varios libros sobre la vida de su hijo "para darle una voz, ya que su hijo no podía tenerla".  Forn agrega: "darle una voz a Hikari consistió en realidad en cargar él con el tormento, alivianarle las espaldas a su hijo".  Y que conforme su hijo fue encontrando su propia voz, el padre había decidido dejar de hablar por él.

Hace dos semanas tuve un ataque de pánico.  Sentí que perdía el control total de mi cuerpo.  Tenía náuseas y algo parecido a un cosquilleo comenzó a subir por mi espalda y mi cabeza hasta dejarme sin dudas incapaz de hacer movimiento alguno. El episodio duró aproximadamente una hora y se empezó a diluir mientras Eduardo me hablaba, para tranquilizarme.

A los dos días volví a tener el mismo episodio.  Estaba sola con Lautaro y llamé a Eduardo para que volviera. Realmente ya no podía tener control sobre mi cuerpo y temí perder el conocimiento y dejar a Lautaro solo.

Vino una ambulancia con un médico y dos enfermeros.  Se quedaron un poco más de una hora. Apenas llegaron yo tenía la presión muy alta y cuando se fueron se había regularizado.  Me hicieron varios controles y el médico (un viejito muy amable) me dijo "Estás aguantando mucho, creo que hay que medicarte para aliviarte un poco la carga." Medicarte es clonazepam.

Al día siguiente, en medio del tercer episodio, me di cuenta que había algo más allí que no estaba teniendo en cuenta: hace mucho cargo con una gran contractura de espalda y en estos días había empeorado gravemente.  Podía ser que el origen de la pérdida de control del cuerpo se debiera a la contractura.  Después de todo, cuando estamos mal de las cervicales, tenemos síntomas parecidos a un ataque de pánico.

Decidí ir a la guardia de traumatología y efectivamente, mi espalda es un desastre.  El médico que me atendió se sorprendió.  "Esto está muy mal".  Sí, pensé yo.  Ya lo creo.

Pero no es mi espalda lo que está mal.  Es el enfoque.

Así como el escritor japonés trataba de aliviar las espaldas de su hijo escribiendo, yo trato de aliviar las espaldas de Lautaro.

Todos cargamos peso que no nos corresponde con el fin de aliviar a nuestros hijos.  Es natural, instintivo, continuo.  Nadie deja que sus hijos carguen con todo lo que les corresponde.  Y al fin de cuentas... ¿qué es lo que les corresponde?

Pero lo estoy haciendo mal.  Estoy empezando a resentirlo.  Mi cuerpo me avisa que tal vez mi intención es loable pero el camino es incorrecto.

Y un minuto más tarde, Claudia me estaba pasando una de las obras de Hikari Oé.

Pueden escucharla acá - Adagio en D menor para flauta y piano - Hikari Oé

Y fue entonces que comprendí que el camino correcto era aferrarse a la belleza.

Y que sólo la belleza puede trascender el dolor, la desesperanza, la desesperación.  Es la belleza la que nos sostiene, nos alimenta, nos sobrevive y nos hace sobrevivir.  Es la misma belleza que se nos presenta una y otra vez y no entendemos, no podemos descifrar.

Es la belleza la que nos eleva, nos muestra sentidos de otro orden.  Nos alivia, nos ampara, nos educa, nos abriga.

¿Ustedes también pueden verla?


12 comentarios:

  1. Creo que el abismo del que hablas en la entrada anterior, es necesario para poder entender esta belleza.
    Cuando nos caemos en un pozo enorme, no se como, pero levantamos vuelo, y vos sos de esas, de las que tienen las alas enormes.
    Hay que escucharse tambien.

    Si te interesa chiflame que te paso el dato de unos chinos que hacen reflexologia maravillosa. Nada mas tenes que avisarme.
    besazo.
    aca estoy.

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    1. Negra linda.. me parece que te voy a pedir el dato, pero para Edu. Dale? Gracias por leer siempre. Abrazos de a miles. Nos vemos?

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  2. Cin! Es verdad como el cuerpo refleja el alma y todo lo que pasa internamente se refleja cuando puede, cuando ya no das más! Yo también puedo ver esa belleza de la que hablas! Abrazo gigante de Oso! Ah y yo también tengo una doctora de medicina oriental que la adoro, ella dice que todo lo que pasa en el alma se refleja en el cuerpo y las dolencias de los órganos son químicamente reflejos del corazón!

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  3. Te escribo escuchando tu link. Gracias por compartir. Espero que estes bien. Yo también soy muy aguantadora, en el mal sentido. Mi espalda también es un desastre y mi limite son los vértigos, que es algo que no le deseo a nadie. Me dejas pensando. Besos!!

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    1. Ay, qué peligro dejarte pensando!!! Jajaja. Besos, linda.

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  4. Sos tan sabia... te leo desde siempre, no me animo a escribirte. Sos pura luz, iluminas mis incertidumbres. Romi

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    1. Querida Romi: nos iluminamos entre todas. La red femenina crece y sostiene. Mil besos.

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  5. Hola, Cintia!! Sos tan inteligente y tan sensible!! Me encanta leerte aunque pueda sentir la tristeza que te atraviesa. Esa sensibilidad e inteligencia, seguramente, te ponen con crudeza frente a tus flaquezas pero van a ser, siempre, la mejor herramienta para rescatarte. Buscá y aferrate con fuerza a todo lo que te ayude a transtiar los dias con mas ligereza. Te abrazo fuerte, Andrea

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  6. Gracias Andrea. Recibo ese abrazo con muchas ganas :)

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  7. Uau... Qué hermoso tu post. Empecé a leerte ayer, te conocí por Malena Guinzburg.
    Gracias por poner en palabras todo esto. Todo lo que escribís de la belleza aplica a tantas circunstancias tristes... Y uno se olvida de disfrutarla algunas veces.
    Te mando un abrazo y sigo leyendo.

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    1. Hola Julieta! Sos muy muy bienvenida al blog! Gracias por leer y estar. Abrazo.

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