Abismo

2 nov. 2015

La maternidad es un abismo.  Es EL abismo.  Ahí está siempre, acechando, esperando que saltes o empujándote.

El corazón me late a toda velocidad, siento el abismo.  Lo siento en los pies, en las rodillas, en el pecho.  Me asfixia.  Me ahoga.  No sé si saltar al abismo me va a liberar.  Le tengo terror al abismo, no lo quiero, no me gusta.  Pero me tira, me tira de las piernas, me pega en la espalda para que pierda el equilibrio y me caiga.  Me está esperando, para consumirme, para derrotarme.

Mi marido me rescata del abismo.  Mucho.  Mis amigas me rescatan del abismo.  Casi todos los días. Ellas muchas veces no lo saben, pero me rescatan.  Me escriben, me llaman.

No dormir me empuja al abismo.  Que Lautaro llore y llore me empuja al abismo.  Él también tiene su abismo.


Hace poco me dí cuenta que lo que más me duele de todo esto es que Lautaro no pueda hablar.  Lo miro y lloro.  Pero lloro poco, porque está el abismo y tal vez si lloro mucho el abismo me lleve.

Y a veces siento que tengo dentro una bomba de tiempo, que voy a estallar en mil pedazos y sentir ese alivio de estallar me reconforta.  Tal vez lo mejor sea entrar en el abismo, después de todo.

O llorar.  Si pudiera llorar mucho tal vez el abismo desaparezca.  Llorar hasta romperme.  Llorar hasta perder el aliento.  Llorar hasta enloquecer, llorar por él, por mí, por todos ustedes que leen y lloran.  Llorar despiadadamente.  Llorar hasta dormir y llorar al levantarme.

Llorar cayéndome al abismo.

Estoy en el borde, ya estoy cansada de que tironeen de mí.  Tironea el abismo y tironean para rescatarme de él.

Estoy en el abismo.  Tal vez haya saltado hace rato.  Ya no lo distingo. Siento que el borde se desarma, caen muchas piedritas, me patino tratando de no caer pero es mucho esfuerzo.

El abismo está ahí.  Dentro y fuera de mí.

Tanto miedo le tengo al abismo.  Pero me acompaña todos los días, se alimenta de mí.

El abismo está ahí.  Sí. 

Ya llegó.

2 comentarios:

  1. No tengo palabritas mágicas. Me siento mal de no tenerlas. Me dan muchas ganas de tenerlas y mandartelas todas. Te mando abrazo.

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    1. Recibo ese abrazo. Sé que esto también pasará.

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