Diálogos

9 sept. 2015

El pediatra de Lautaro se llama Gabriel.  Cuando lo conocimos, Lautaro ya había cumplido el año, así que los controles comenzaron a ser bimestrales: peso, altura, pulmones, oídos, boca, pito. Un vistazo general y más que nada preguntas sobre comportamiento, crianza, actividades.
La primera consulta fue muy extensa. Estaba muy interesado en lo que Lautaro hacía y no hacía. Pero siempre cordial, nos despedimos hasta enero.
En la segunda consulta, después de revisarlo me hizo más y más preguntas. A casi todo yo tenía que responder que no. No, no lo hace. No, no sabe. No, no puede.

Al terminar la consulta me dijo: "Lautaro va muy lento en su desarrollo, por eso es que quiero que lo lleves a un neurólogo. Quiero que un neurólogo me diga que estoy equivocado, que Lautaro no tiene nada y que hay que esperarlo. Y si no es así, si hay algo, quiero que lo sepamos ya mismo, para ayudarlo."

Fuimos a una neuróloga, claro. Marisol es neuróloga del Hospital Alemán y del Italiano. Y es un amor de persona. Cálida, amable, habla bajito. Como Gabriel.
Nos hizo decenas de preguntas. Todas eran "no" otra vez. No hace esto, no hace lo otro, no hace nada.

Nos mandó a hacerle estudios y tests.
Y uno de los test era el test de Bayley. Este test evalúa el desarrollo mental y psicomotor en la edad temprana.
Dos semanas más tarde la conocimos a Vero Maristany. Ella era quien le haría el test.

Llegamos al consultorio y nos sentamos con Vero en el piso. Lautaro corría alrededor nuestro. Giraba y trataba de escapar.
Verónica me miró y me preguntó: ¿Cuánto hace que no dormís, Cintia?
Fue el botón que detonó el delirio. Empecé a llorar sin parar. Por fin, después 22 meses, alguien había entendido lo que pasaba.
"Nunca dormí. No duermo desde que nació. Él no duerme, Vero. No duerme".

Cito un párrafo del libro "El niño con necesidades especiales" de Stanley Greenspan que es muy claro en este aspecto:

Las seis habilidades fundamentales del desarrollo

Seis habilidades básicas del desarrollo –nosotros las llamamos los 6 mojones funcionales- forman una base para todo nuestro aprendizaje y desarrollo.  Los niños sin necesidades especiales a menudo dominan estas habilidades con relativa facilidad, pero aquellos que presentan desafíos, con frecuencia no lo logran porque sus impedimentos biológicos hacen que ese dominio sea más difícil.  Comprendiendo estas habilidades y los factores que las condicionan, y trabajando directamente sobre ellas, los cuidadores, educadores y terapeutas pueden ayudar a dominarlas, aún a aquellos niños con trastornos crónicos.

1-      La doble habilidad de interesarse en las miradas, sonidos y sensaciones del mundo y calmarse a sí mismo.  Los infantes tratan de procesar lo que ven, oyen y sienten, e instintivamente voltean hacia un rostro complaciente o una voz suave.  Ellos aprenden a disfrutar, comprender  y usar aquellas sensaciones placenteras para calmarse a sí mismos.  Esta habilidad para auto-regularse nos permite recibir y responder al mundo que nos rodea.
2-      La habilidad para conectarse en relaciones con otras personas.  En las experiencias más tempranas con nuestros padres, aprendemos a enamorarnos.  Los reconocemos como quienes nos nutren gozosamente; los buscamos y confiamos en ellos.  Esta habilidad para la intimidad nos permite formar relaciones cálidas y confiables con las personas que pasan por nuestras vidas.
3-      La habilidad para conectarse en una comunicación de dos vías.  Mamá me sonríe, yo respondo con una sonrisa.  Papá me envía rodando una pelota, yo respondo prontamente devolviéndosela.  Estos esfuerzos tempranos en la comunicación de dos vías nos enseñan sobre nuestras intenciones, nos brindan el primer sentido de causalidad, de hacer que las cosas ocurran, y comenzar a sentir nuestro sentido de sí mismo.  A medida que estas interacciones tempranas se hacen más complejas, aprendemos a comunicarnos con gestos y a comprender las intenciones y las comunicaciones de los otros.  Construimos la base para participar, más tarde, en conversaciones mucho más sofisticadas.
4-      La habilidad para crear gestos complejos, para encadenar una serie de acciones dentro de una secuencia de solución de problemas elaborada y deliberada.  El deambulador corre para saludar a papá en la puerta, estira sus brazos buscando un abrazo y luego se aleja diciendo a través de su comportamiento “Papá, estoy feliz de que hayas vuelto a casa, abrázame y ¡ahora persígueme!
5-      La habilidad para crear ideas.  El juego simple, como por ejemplo el apilar bloques, se transforma en un juego de fantasía complejo –los bloques se convierten en un fuerte en donde los buenos y los malos pelean-.  El niño usa estas escenas para experimentar con un amplio rango de sentimientos e ideas que descubre a medida que su mundo se hace más grande.  También usa palabras para indicar deseos e intereses: “¡Quiero jugo!”
6-      La habilidad para construir puentes entre ideas que sean lógicas y acordes a la realidad.  El niño comienza a expresar sus ideas, en el juego y con palabras, para describir sus sentimientos en lugar de actuarlos y a encadenar ideas que formen pensamientos lógicos, originales: “¡Estoy enojado porque me sacaste el juguete!”

Hablamos mucho ese día. Nos explicó cosas que recién hoy voy entendiendo de tanto escucharlas.
Lo otro que nos dijo fue que Lautaro no podía dialogar. No sólo no puede hablar: no puede dialogar con un otro.
Dialogar no es sólo hablar. Es pedir, señalar, sonreír, mirarse, explorar el mundo, saludar, abrazar, besar, mostrar, negar, asentir, compartir. Es armar un encuentro simbólico con el otro, entenderse, sintonizar. También es hablar, pero hablar es el techo de la casa. Comunicarse es mucho más que hablar.

Verónica me dijo que yo hasta ese momento había suplido su incapacidad de comunicarse. Que le había adivinado lo que quería o necesitaba. Que había puesto intención donde no la había. Que había hablado por los dos porque uno de nosotros no sabía hacerlo.

Y esa explicación, esa comprensión global de lo que viví hasta ese momento, fue clave.

Fue la manera más redonda y clara de contarme qué era lo que había estado sucediendo. Fue retroceder 22 meses y encontrarle explicación a cada uno de los momentos.

Recién entonces pude entender por qué me había sentido tan desubicada, tan incómoda, tan fuera de juego, tan exhausta, tan incapaz, tan fracasada, tan cansada, tan molesta, tan todolohagomal.

Hacía 22 meses que estaba hablando sola.

7 comentarios:

  1. Sos todo amiga mía. Lo q te quiero y apoyo !

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  2. Creo que esta es una tarea titanica, pero como mama que sos y como persona sobretodo, se que vas a superarla sin duda. Sera un aprendizaje para los tres.
    El otro dia me acordaba de vos, de Lautaro cuando lei algo de las mascotas y su ayuda notable en estos casos.
    medio desubicada yo quizas con esto de ser bichera, quizas para cuando estes menos cansada puedas pensar algo asi, no lo se, solo lo digo desde el amor que te tengo por supuesto.

    un besazo!

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    1. Te contesté en FB. Perdón! Si. Lo estuve viendo el tema. Gracias, Dani!

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  3. encontrarle el hilo, saber por donde viene la mano. es una manera de empezar, estas en el camino que juntos van a recorrer, van a descubrir, se van a amar. aprendo con vos Cin... aprendo de Lauti... y sé que ustedes van a alcanzar lo que se propongan. te abrazo fuerte! Eri

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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